¿Cómo invertir en WALL STREET y en FTSE (Londres)?

Muchos de los inversores particulares se limitan a invertir en activos cotizados en los mercados locales y rara vez se aventuran a explorar alternativas que ofrecen buenas oportunidades.

Dos son las principales limitaciones. Por una parte, cuanto más lejos se encuentra el activo, más abstracto parece y, por consiguiente, más peligroso.

Por otra parte, las barreras de conocimiento y de información en lengua local (por ejemplo, la española) ocasionan que el inversor vea con recelo esos mercados.

Sin embargo, no todos los inversores patrios limitan su alcance a los mercados nacionales, sino que cada vez más particulares deciden invertir en activos europeos y norteamericanos.

El mercado norteamericano posee numerosos índices, entre los que destacan: S&P 500, NASDAQ o Dow Jones 30. En cambio, el mercado europeo posee un índice de referencia en cada país. El FTSE 100 británico es uno de los más importantes, con la particularidad de que la divisa británica no es el euro.

Las ventajas de invertir en Norteamérica y el Reino Unido

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La inversión en el mercado estadounidense o británico también supone una diversificación en cuanto a las divisas, por lo que antes de entrar en estos dos mercados, conviene analizar las perspectivas de evolución de los tipos de cambio. Las variaciones en los tipos de cambio pueden incrementar o disminuir el retorno de una forma muy significativa, por lo que es un extremo que debe ser estudiado cuidadosamente.

Hoy en día la mayor parte de los intermediarios financieros ofrecen la posibilidad de invertir en mercados internacionales con unos costes que igualan o superan ligeramente las comisiones asociadas a los activos nacionales. Por otra parte, estas mismas compañías suelen ofrecer asesoría para evitar dobles tributaciones de los dividendos y/o plusvalías.

Desventajas de invertir en Wall Street y en FTSE

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La diversificación geográfica es una materia abordada por numerosos analistas, que consideran que es una herramienta idónea que debe emplearse en todo portafolio de inversiones. Además, el mercado norteamericano ofrece rangos sectoriales, como el de la extracción de metales preciosos, que el mercado español no posee ante la ausencia de compañías españolas especializadas en dicha labor.

Por otra parte, los mercados anglosajones tienen una tradición histórica que no tiene el resto de mercados europeos.

Las compañías anglosajonas son más proclives a acudir a los mercados de capitales a la hora de obtener financiación externa, mientras que las empresas continentales siempre han preferido acudir a la financiación bancaria.

Este aspecto también refleja la predisposición de la población hacia los mercados financieros, donde la población anglosajona suele presentar una mayor presencia e interacción.

Para hacer frente a las limitaciones de información que hemos mencionado con anterioridad, el pequeño inversor puede entrar en fondos de inversión especializados o con posiciones en dichos mercados o puede indexarse a través de un ETF que replique el comportamiento y composición de un determinado índice o cesta de activos. Estas dos últimas opciones suelen ser las recomendables para aquellos inversores con escasos conocimientos o con bajo interés en las finanzas. Dejar la gestión del capital en manos de los especialistas es una opción sensata si no se dispone de los recursos necesarios. Además, permiten una gran diversificación con unos costes inferiores a los exigidos en la compraventa de acciones ordinarias.

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